La retórica especulativa, el lenguaje y la filosofía (Pascal Quignard)

rhetorique-speculative-723702-250-400Pascal Quignard fue autista y anoréxico, parece que sólo transitoriamente. Algo queda en el estilo si, por su parte, el lector gusta de este tipo de aproximaciones. Habla con gesto extrañado, como si lo que él mismo dice le sorprendiera. No tiene por qué ocurrir lo mismo en su escritura. Resulta muy francés, dado el orden, de nuevo, de este tipo de aproximaciones. Incluso en su forma de vestir. En fin, propone algo curioso –La retórica especulativa. Dice que la filosofía, a diferencia de la retórica especulativa (la literatura tout court, digamos) acepta el lenguaje como en una tregua con él, como si lo aceptara por necesidad, porque no tiene otra cosa con la valerse. Indigencia de la filosofía respecto del lenguaje, pero es un lenguaje limitado a la función expresiva. Hay que referirse a la realidad y el lenguaje parece el peor de los males. Platón sugiere que el lenguaje es una condena de otro orden, pertenece a lo mortal-limitado. De Platón a la cuestión de la escisión predicativa hay mucho trecho, pero es cierto que podemos reconstruir esa tendencia. Cuando el lenguaje es problematizado como tal, en los momentos en que la filosofía da ese giro, ciertamente el estilo es problematizado también. La propia inmersión de la filosofía en sistema (de Kant a Hegel) supone otra violencia sobre el lenguaje, que tiene que realizar en sí y por sí su propio contenido. La diferencia con la retórica especulativa sería propiamente esta atención sobre el lenguaje. En ésta última, el lenguaje es empleado como arma, no meramente como herramienta genérica, y en esa medida es cuidado y llevado hasta otras consecuencias. Aparentemente no toca lo esencial: la reducción del lenguaje a su función expresiva. Con respecto a esto se dibuja para mi la línea trágica. El problema-Idea tiene que formularse lingüísticamente y, en esa operación, adaptarse a las necesidades del lenguaje. Es una carga insoportable. Mucho más si el lenguaje aparece como expresando la idea. Tiene que haber un cálculo económico finalmente. Mi posición es quizás descafeinada dadas las coordenadas que sugiere Quignard. Aceptar el drama y sacar las más felices consecuencias de él. Hacer filosofía en la medida de lo posible, sin menoscabo de la idea-problema. Menoscabo que tiene lugar si el lenguaje nos arrastra hacia sus géneros por limitación (una caída, quizás, de Nietzsche, demasiado encajado en el paradigma polemático de Grecia). El lenguaje tiene que ser violentado por la idea-problema, aquí sí hay pólemos, estoy con Quignard. Pero el criterio bello-feo, adecuado-inadecuado estilísticamente, tiene que depender de un criterio de exhuberancia problemática. A veces no resulta sencillo.

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