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La filosofía se ha inquietado tradicionalmente por el principio. Dentro de los muchos sentidos en los que tal inquietud se ha visto dirigida, podemos comenzar por esa versión del principio que consiste precisamente en comenzar. La inquietud por el principio es en este caso inquietud por comenzar, por cómo comenzar, cuándo, dónde y con qué comenzar. De entre los modos más populares de dar salida a la inquietud, recordamos uno especialmente notable. La filosofía empieza, o bien con el movimiento, o bien con el reposo. Los filósofos, amigos como son de marear la perdiz y la gramática, dan un paso atrás y se preguntan: movimiento o reposo no son el objeto del comenzar, sino más bien su complemento circunstancial de modo. No es que se comience por el movimiento o por el reposo, sino en movimiento o en reposo.
(Aristóteles: se comienza por el movimiento, pero el verdadero principio está en el reposo)
(Hegel: si no se comienza en movimiento, entonces hace falta algo externo que cause el movimiento)
(Causalidad moderna: la dualidad movimiento-reposo no tiene validez, se ve sustituída por la dualidad movimiento uniforme y reposo – aceleraciones y deceleraciones).

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