Cristiano Ronaldo, despersonalizador del deseo

Prefacio y Agradecimientos.

Cristiano, también Ronaldo. Reflejo de la avidez infinita, de quien reclama una tarea infinita. Fintas como cuchillos, la espalda siempre firme y estatura, rapidez y desgana y gestos altivos. Espíritu protestante nacido portugués. La vanguardia es el tunning y el peinado cenicero. Para mirar este tipo de cosas hay que ponerse las gafas de pintor y de periodista deportivo.

Cristiano Ronaldo, rey de la parrilla, noticia que se quiere historia. Los amigos que me aprecian me advirtieron: “cuidado con éste”. Mis amigos viven con exaltación la práctica del fútbol y su espectacularización y han creado mundos a su alrededor. Mis amigos son mi ojeador y mi manager. A ellos quedan dedicadas, con respeto y gratitud, las siguientes palabras.

La construcción de la identidad personal mediante el deseo sin objeto.

En la primera pieza, Cristiano Ronaldo habla de sí mismo a propósito de una pregunta quisquillosa del entrevistador, relativa al “por qué” de que corra con el mentón elevado, con la cabeza inclinada hacía arriba. La pregunta anterior ya había dado pie a Cristiano Ronaldo para comenzar a desarrollar lo que será, propiamente, el tema central de la entrevista. Reproducimos a continuación el fragmento (2’25’’–4’25’’) sobre la construcción de la identidad y su justificación a través de las formas temporales del pasado y el futuro.

–RL ¿Qué valores te han enseñado tus familiares?
–CR Bueno, los valores básicos por los cuales hoy soy lo que soy … Ya me considero un hombre adulto, pero siempre tenemos tiempo para aprender y aprendemos todos los días.
–RL […](El entrevistador le pregunta por atletas que el futbolista admira, terminando con uno que corre con la cabeza alta)… ¿por eso corres así, con la cabeza levantada?
–CR (risas) No, no por eso. Son sólo técnicas que tenemos […]. Eso se va aprendiendo cada día, cada partido…Se intenta evolucionar un poquito en lo que sabemos hacer.
–RL ¿Te gusta ir con la cabeza alta por la vida?
–CR Sí, yo pienso que es importante y fundamental, independientemente de si ganamos o perdemos, tenemos que tener siempre la cabeza levantada porque la vida es un aprendizaje y tenemos que estar siempre preparados para aprender. Yo me considero una persona ganadora, intento ir siempre adelante. Sé que es muy difícil, pero… nada en la vida es fácil. Si fuese fácil, no naceríamos llorando, por eso las cosas son así.

Lo primero que hay que hacer notar es que las respuestas de Cristiano Ronaldo mantienen un hilo conductor unitario (y no por ello unívoco) que contrasta con el carácter azaroso y desordenado de las preguntas del entrevistador. Este hilo conductor constituye una explicación genética de su identidad. Cristiano Ronaldo está interesado en subrayar que la vida es un aprendizaje.

La vida es un aprendizaje, cambiamos y nos constituímos en virtud de nuestro aprendizaje. Nunca dejamos de aprender, por lo que nunca dejamos de cambiar (futuro). Lo que uno es ahora, en el momento presente, se debe a lo aprendido (pasado). El asunto que aquí se trata es el de la identidad personal. ¿Por qué Cristiano Ronaldo es como es? Cristiano Ronaldo es fundamentalmente flujo de deseo sin objeto o contenido. Lo que Cristiano Ronaldo quiere o desea no es algo cualitativo, ni una propiedad o atributo de algo que todavía no ha aprendido, o que está por aprender, o que está aprendiendo. No, Cristiano Ronaldo desea al deseo mismo, reducido a la forma de ambición. (Para contrastar la veracidad de esta cuestión –la cuestión de la ambición– basta con acudir a cualquier entrevista o testimonio del jugador).

La materia del deseo resulta ser meramente cuantitativa o intensiva: más y mejor. La ambición no opera sobre una característica o propiedad de su personalidad; “Deseo ser menos egoísta”. La ambición se basta consigo misma. Como dirían los antiguos: la ambición funciona aquí como un fin en sí mismo. Es ambición de ambición que redunda sobre una práctica, y no sobre una propiedad personal determinada. Tal práctica es la de jugar al futbol y el asunto en cuestión es jugar más y mejor. Ausencia radical de objeto de deseo. Se observa en la respuesta a la pregunta por los valores que le ha infundido su familia. Cristiano Ronaldo se limita a volver sobre la cuestión del aprendizaje. Pero, ¡¿qué se aprende?! Cristiano no se refiere a ningún valor en particular. Lo que podría parecer terrible escisión entre deseo (estamos siempre por construirnos y nuestro cometido es aprender) y ausencia de objeto de deseo deviene de inmediato en la afirmación del deseo por sí mismo y el consiguiente olvido o anulación de sus contenidos.

El objeto de deseo colma y suprime a la persona al ausentarse.

La segunda pieza, que adjuntamos a continuación, confirma y completa la hipótesis de que el deseo constituye –sin objeto– la identidad de su agente. En este caso, el entrevistador se empeña en dibujar la “personalidad” de Cristiano Ronaldo a través de preguntas relativas a sus gustos y preferencias en asuntos cotidianos y profesionales. Las respuestas del jugador no se explican por la intervención de un asesor de imagen o de comunicación, sino que se muestran inmediatamente inmunes a la tematización de dichas bagatelas. Como si tales preguntas fuesen un sinsentido. Resulta asombrosa la naturalidad con la que Crisitano reacciona ante sus propias respuestas, en contraste con la profunda disconformidad y el desasosiego que provocan en el entrevistador. Fragmento 5’35”-6’30”.

–JJ Te voy a hacer un test muy rápido. De un minuto, a ver si en un minuto… De no ser futbolista, ¿qué habrías sido?
–CR No sé (risas)
–JJ ¿La principal virtud que tienes?
–CR (pausa) Amigo… del amigo.
–JJ ¿Y el defecto?
–Tengo muchos… quizás, teimoso (no sabe decirlo en castellano) [obstinado,terco]
–JJ ¿Tu primer recuerdo con un balón en los pies?
–CR Alegria
–JJ ¿Comida preferida?
–CR (pausa) Paella (risas)
–JJ ¿Bebida?
–CR… Coca-cola, agua
–JJ¿Música?
–CR Un poco de todo
–JJ ¿Qué borrarías de tu vida?
–CR Puf… (no contesta, no encuentra nada).

Las respuestas de Cristiano resultan fácilmente clasificables. Cristiano Ronaldo no tiene una bebida favorita. En cuanto a música, le gusta un poco de todo y, si tuviera que elegir una comida, por hacer la gracia y porque está donde está, dice que paella. No parece que su comida favorita sea la paella, no parece que tenga algo así como una comida favorita.  Su primer recuerdo “con un balón en los pies” no remite a un contenido, sino a una emoción; la alegría. Cristiano Ronaldo se atiene al modo, pues cuando se le pregunta por su mayor defecto, localiza la obstinación y, si somos generosos, entenderemos la obstinación como la forma en la que arraiga el deseo en tanto ambición. La obstinación le constituye por ello a través de la ambición sin contenidos, del deseo por sí mismo. El futbol es una casualidad. Cristiano Ronaldo habría sido como es aquí y ahora de haberse dedicado a la ebanisteria. Por lo demás, Cristiano Ronaldo se ha pronuncado suficiente: no es persona, es un impersonal, un cualquiera atravesado por flujos de deseo que lo vacían y le impiden ser alguien. Alguien en el sentido de un personaje de entremés, de un prototipo, de un perfil definido.  Nada de eso. Conseguir la liga, los goles, el mundial, tirar un penalti, no soltar el balón… todo esto son consecuencias, y no objetos de deseo privilegiados. Propiamente, y por decirlo de una vez, Cristiano Ronaldo no quiere ser nadie en concreto. Le basta con la ambición.

Un proceso de construcción de la identidad (sea ésta como sea), animado por un deseo sin objeto, pasa por suspender la personalidad.

*****

En alguna entrevista, en varias, difícil saber con exactitud en qué lugares, Cristiano habla de sí mismo en tercera persona del singular. Se dice “estoy encantado de ser Cristiano Ronaldo”; “Cristiano Ronaldo celebra conocerse a sí mismo”. Declaraciones como éstas le han valido el descrédito de parte de la audiencia y, más allá, han devaluado la imagen pública del personaje. ¿Qué significa hablar en tercera persona?: cuando mucho, es hábito de psicótico; cuando poco, de ególatra, de histriónico; en general, este uso de la persona gramatical ha sido tradicionalmente reflejo de una personalidad disociada. Ahora, con la venia de quien lea, ¡hay que darle la vuelta a la tortilla! La tercera persona jamás es sujeto de enunciación, reservándose por derecho formal el no ser nunca nadie, por oposición a un “yo” y un “tú” que, pese a intercambiar papeles durante su encuentro, siempre designan personas definidas, cerradas sobre sí (están ya dados). Pero no ser nunca nadie no significa que no exista, sino que es cualquiera, quiensea, un “da igual”. “Él”, “quién”, “Fulano de tal”. Pese a su concreción o particularización sigue siendo una persona sin agencia, sin voto en este entierro, sin capacidad performativa en la enunciación. “Él” y “Ella” no dicen nunca nada, ni se definen por sí mismos, ni se oponen, ni están de acuerdo. Viven en el anonimato de lo impersonal y operan en tanto que no comparten las determinaciones espacio-temporales de la primera y la segunda persona. Operan en tanto que no están allí. Esta posición gramatical de lo que resulta neutro o ajeno a la enunciación y que, sin embargo, la constituye, ha sido comprendida por algunos como la forma propia de lo que ocurre, a la que después se asignan sujetos, tiempos verbales y complementos del predicado. Lo impersonal es el sujeto (que todavía no es propiamente tal) de la acción que se dice en infinitivo.

 

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