¿Qué es esto?

Se trata de apuntes de trabajo, borradores o pequeñas piezas que giran en torno a problemas filosóficos.

A la vista de los textos, el adjetivo “filosófico”, que califica a los problemas tratados, podría parecer inapropiado.  El adjetivo “filosófico” califica en principio dos aspectos diferentes de los problemas: los temas de los que tratan y el modo en que están planteados. (i) Quien se contente con esta distinción, observará que, aunque los temas en cuestión no siempre están ligados a asuntos tradicionalmente considerados como propios de la filosofía, el modo de plantearlos resulta fiel a un tipo de aproximación no restringido a la metodología de ninguna otra disciplina o de ningún otro género literario. Digamos que lo que hacen los textos aquí presentados es lo mismo que lo que hacen los textos de filosofía tradicional. (ii) Quien no se contente con la distinción previa, observará que, de hecho, el modo de plantear un problema constituye al problema como tal, y que la distinción entre forma y contenido, y el resto de distinciones posibles que se pueden proponer al hilo, resultan siempre posteriores y secundarias. (iii) No obstante, hay todavía otro tipo potencial de lector que renegará de los motivos anteriores y seguirá demandando corrección respecto al uso del adjetivo “filosófico”. No hay duda de que éste último tipo de lector es el más excelente. Usamos “filosofía” como sinónimo de “ontología”. No porque la ontología sea la base universal, ni una posible síntesis general, ni la raíz, ni el fundamento del resto de disciplinas, ni nada por el estilo. La ontología no está en el principio, sino que acompaña cada vez, en cada premisa, en cada conclusión, en cada hipótesis y en cada posición, en cada pregunta y en cada respuesta, hic et nunc. Lo haga o no explícito, cualquier acción o aspecto de lenguaje (y quizás no sería menester ninguna disyunción aquí entre expresión y expresado) se articula en virtud de un criterio ontológico, es decir, en virtud de alguna asunción, convicción, compromiso, integración o articulación de un “hay”. Siempre hay un “hay”. El mayor riesgo que nos permitimos, y como riesgo ya está de más, es hacer del “hay” un “hacer” y un “ocurrir”.  Por el momento, no encontramos mayor radicalidad, no encontramos otro grado 0, no encontramos un presupuesto menos relativo que éste. (Tendríamos que proponer aquí otra pregunta: ¿por qué buscar tan desesperadamente la raíz y lo absoluto? Dejemos esto para otra ocasión). Dicho ya en castellano, escribimos siempre sobre lo que ocurre y sobre lo que se hace cuando ocurre. ¿Qué pasa, qué ocurre? ¿Qué se hace cuando se hace algo? Lo cierto es que éstas son las únicas preguntas que articulan cualquier texto de los que pueden ser aquí leídos. No obstante, como la variedad de asuntos parece demasiado anárquica, preferimos llamar a todo esto con el eufemismo “filosofía de cualquier cosa”. Digamos que aquí se hace filosofía de cualquier cosa.

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