El Real Madrid y la tradición española del estoicismo cristiano

El objetivo de mi propuesta consiste en discutir si la aficción de un equipo de fútbol y, más concretamente, el público habitual de un estadio específico, así como el carácter o la naturaleza que asignamos a ciertos clubes, desempeñan un papel relevante en la expresión o producción social de opiniones, normas morales y políticas, y modos de vivir y de pensar.

Más concretamente, me gustaría centrarme en lo que sucede en el Santiago Bernabeu a propósito del Real Madrid. Asociamos habitualmente una serie de características diferenciales a las aficciones de los equipos más visibles de la Comunidad de Madrid (Real Madrid, Atlético de Madrid, Rayo Vallecano, Getafe Club de Fúbtol o Agrupación Deportiva Alcorcón). Seguidamente, solemos asociar tales características a las clases sociales que, por componer las partes más visibles de una aficción determinada, reproducen en el contexto del fútbol una serie de clasificaciones relativas a criterios de ideología política, gustos y preferencias estéticas o idiosincrasias más o menos distintivas de un barrio o de un área metropolitana. Proceder de este modo pasa por suponer una serie de posiciones que, no por mayoritarias y aceptadas son más correctas. Este tipo de clasificaciones resultan demasiado parciales y poco representativas de lo que de hecho ocurre en un estadio y de lo que de hecho hace una aficción.

Por el contrario, me gustaría ocuparme de una práctica bien concreta que tiene lugar en el Santiago Bernabeu y, de modo menos visible, también en cualquiera de los contextos en los que la aficción merengue sigue a su equipo y expresa su condición –bares y residencias particulares, pero también medios de comunicación generalista, prensa deportiva, etc. El público del Santiago Bernabeu valora específicamente el esfuerzo, la entrega de los jugadores.

Curiosamente, esta aficción valora de manera eminente el esfuerzo que ya de antemano está destinado a no tener efectos o resultados. Resulta paradigmático el hecho de que el Bernabeu aplauda y premie al jugador que corre tras el balón aunque sea imposible que llegue a por él. Mi hipótesis es que la importancia que se concede al arrojo y a la abnegación improductiva, al sacrificio gratuito, está íntimamente vinculada con un cierto estoicismo cristiano (moral de la resignación) que aún organiza hoy ciertos cursos de acción y formas de pensar. Además, este estoicismo cristiano produce una “moral meritocrática” por la que el mero hecho de hacer algo ha de verse premiado independientemente de los resultados obtenidos. Precisamente en el cruce entre estos dos dispositivos –el del estoicismo cristiano y el de la moral meritocrática– podemos encontrar la raíz de una serie de ideas presentes en nuestra cultura, como aquellas relativas a la cultura del trabajo y a la caracterización de las figuras del parado, el vago, etc.

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