El signo de la bola caída o de las relaciones sexuales recurrentes y monógamas con gente de confianza

Clínica y Diagnóstico

Según F. Marco Martínez, “el dolor debe referirse al surco bicipital, lateralizarse con la rotación externa y en ocasiones descender por el vientre muscular” (Lecciones de cirugía ortopédica y traumatología). Las lesiones del tendón de la porción larga del bíceps provocan dolor en los movimientos destinados a levantar cosas, sobretodo en supinación.

El problema viene después. Si la lesión se detiene en este grado, uno sufre de manera crónica, pero poco incapacitante, a causa de las microrroturas y consiguiente inflamación del tendón que engarza al bíceps con el hombro. Eso sí, el paciente tiene que dejar de levantar pesas. El bíceps es el símbolo por excelencia de todo gimnasio dedicado, en un extremo, al mantenimiento de la tercera edad (y “mantenimiento” significa aquí, de modo literal, no pasar a la cuarta y declinar en la quinta) y, en el otro, a las prácticas halterofílicas. Este tipo de gimnasios son templos profanos levantados en honor al bíceps. En nuestra cultura, cuando uno quiere fardar de fuerza y esbeltez levanta el brazo y aprieta como puede el bíceps. Lo han hecho alguna vez todos los niños más o menos a escondidas, al salir de la ducha, frente al espejo. Espejo al que han tenido que frotar previamente con la palma de la mano, pues el vaho impedía que les devolviese la imagen. La imagen del forzudo que todo niño varón sueña alguna vez con ser, al menos delante de un espejo. ¿Cuándo y bajo qué condiciones adquirió el bíceps un lugar tan notable en nuestros sistemas de referencia?

El problema vendría después, si la lesión deriva en rotura del tendón. Aparece entonces el signo diagnóstico, el signo de la bola caída. Esta lesión no es muy común, pero sucede. Y cuando sucede es muy desagradable. No tanto para el que la sufre, sino más bien para el que la presencia. El bíceps cae literalmente hacia la parte interior del brazo, colocándose sobre una parte del tríceps. Es muy feo, muy grimoso y, sin embargo, ocurren con el signo dos cosas que resultan de enorme interés. En primer lugar, no es doloroso, sino que supone por contra el final del dolor causado por las lesiones anteriormente mencionadas. En segundo lugar, no imposibilita el movimiento más relevante y del que, los que no estamos versados en medicina, responsabilizaríamos sin dudar al bíceps: me refiero a la flexión del codo. El movimiento afectado es la supinación de la parte anterior del brazo, una cierta rotación que llevamos a cabo con el hombro y que es análoga a la rotación de la muñeca. El movimiento en cuestión interviene por ejemplo cuando giramos el volante del coche. Es por esto que se dice que la rotura del tendón advertida mediante el signo del bíceps caído “es más un defecto estético que funcional”. El aparato locomotor de los mamíferos es un sistema previsor de poleas y palancas que diversifica las tareas sin olvidarse de repuestos.

Musculitos, novios funcionales y razón instrumental

El concepto de bíceps es enorme. Entraña, de modo virtual, el signo de la bola caída, el gimnasio-templo, la asignación de punto notable en nuestros cánones y muchas cosas más. Hay una asociación, un vínculo oscuro pero efectivo, entre el concepto de bíceps –y las diversas determinaciones que asume cuando es bíceps caído– y otro concepto que, aun no conformando todavía una institución social determinada y no pertenecer por tanto de manera manifiesta a nuestra tradición, podemos llamar “novio funcional”. El signo de la bola caída muestra la dimensión predominantemente estética y privativamente funcional de este músculo que, como señalaba, resulta por otro lado central en el canon. Es un músculo poco funcional en un sentido, pero muy útil en otro. La inversión que hacemos en gimnasios es una inversión de segundo orden. En lo que verdaderamente invertimos es en nuestra figura y en nuestro cuerpo. Permitidme realizar esta pequeña distinción pragmática y de grado. Uno invierte en su cuerpo cuando pretende instalarse en el extremo del “mantenimiento”, e invierte en su figura cuando lo hace en el extremo de la “halterofilia”. Es un diferencia que radica en la intención con la que cada uno se matricula en un gimnasio. Es una diferencia débil y sólo funciona de manera contingente dadas algunas condiciones y bajo reducción de los casos en cuestión. Lo que aquí interesa cae del lado de la inversión en figura. “Coger forma”, decimos a veces, a diferencia de “mantenerse en forma”. La inversión en figura espera plusvalía y beneficios que se escinden sustancialmente de la producción misma (distinción real, decían los antiguos). Inversión y beneficios guardan a veces la simple relación causal “coger forma” – “aumentar el número de relaciones sexuales”. La facultad que interviene en este tipo de vivencias así interpretadas fue llamada por los antiguos “razón instrumental”, o lo que es lo mismo: el cálculo de medios a fines. La razón instrumental consiste en saber qué hacer para conseguir una cosa. En este caso adquiere una fórmula casi económica dada la viabilidad y el equilibrio en el binomio inversión-beneficios.

El concepto de bíceps engarza directamente con otro concepto, decía, que es el concepto que podemos llamar sin dogma “novio funcional”. Se dice que este concepto tiene su origen en ciertas disputas entre médicos de aquella época de tremendas aceleraciones que fue el interregno ocurrido al final del Renacimiento o comienzo del Barroco. Uno de estos médicos, judíos y humanistas, que más se ocupó de este tema, lucía nombre alemán y apellidos castellanos: Axel F. María. El concepto de novio funcional es muy sencillo: define el tipo de relaciones que empiezan sin premeditación ni pretensión dada una situación de recurrentes relaciones sexuales.  Hay que matizar muchísimo. En una relación heterosexual el concepto tiene, cada vez más, un carácter recíproco, es decir: que el novio funcional puede referirse, de igual manera e intensidad, al varón, a la hembra o a ambos a la vez. En principio, parece que funciona exactamente igual en relaciones homosexuales y en relaciones de otros tipos. Una serie de concreciones esenciales: en este tipo de relaciones hay un pacto tácito inicial por el cual las partes contratantes asumen la falta de seriedad de su contrato, la anulación previa de todo compromiso, aceptando además, a medio plazo, la rescisión de tal contrato. Los novios funcionales, por principio, no se implican emotivamente, o al menos eso pretenden. Sin embargo, hay que hacer aquí otra precisión también esencial, el novio funcional no es un lío ni un rollo. Los novios funcionales tienen una cierta confianza que han adquirido en la propia relación o con anterioridad; es común que el novio funcional sea en principio un amigo. Los novios funcionales y los amantes pueden confundirse entre sí, sin embargo, y dada la cuestión de la confianza, ocurre que los novios funcionales asumen mayor responsabilidad. Un amante te puede engañar con impunidad, resulta relativamente lícito. En el uso cotidiano del lenguaje nos faltan las palabras. Los novios funcionales jamás dirían de sí mismos que son “novios”, y no sólo por lo ñoño del término, sino porque lo suyo no se ajusta a todo lo que entraña. Sin embargo, no dirían que “tienen un lío o un rollo”, pero sí que “se están liando con un amigo”. En oposición al amigo con derecho a roce, los novios funcionales se acuestan con mayor normalidad y cotidianeidad. El concepto de novio funcional es un concepto límite y ambiguo, pero no por ello inexistente.

Los conceptos de bíceps y de novio funcional tienen en común el mecanismo de la razón instrumental y la presencia de una cierta conciencia de la situación. En ambos casos se privilegia el resultado frente al camino que lleva a tal resultado. Esto no tiene, en principio nada de malo. Ahora bien, puede ocurrir y ocurre con frecuencia que el medio se hace insufrible y poco aconsejable, que da pereza ir al gimnasio y cuesta trabajo convencer a otro para que se acueste contigo. La virtud en estos casos reside en disfrazar a los medios de fines. Con otras palabras, los asuntos de bíceps y novios funcionales se viven con agradecimiento y soltura cuando consigues disfrutar al flirtear y al levantar las pesas, sin que el divertimento se corresponda con no alcanzar los resultados. Ser virtuoso no es tan difícil, pero si no sale sólo, hay que proponérselo.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s