Ontología de la acción, ontología de las singularidades – Conversación con Alba Jiménez y Roberto Navarrete

Vicente: Tenemos que discutir el vínculo entre cualidad e intensivo. Quitando los apellidos “kantiano”, “deleuzeano”… A este respecto lo que trataba de decir yo sobre el duende (en el coche, pero la conversación se interrumpió, creo recordar). Mi opción sería: el duende se dice de la acción. Y mi pregunta sería entonces: ¿están sometidas las acciones a la cantidad extensa y a la cualidad? Creo que es una pregunta poco o nada formulada. Fundamentalmente porque el criterio de entidad al uso tiene al objeto como modelo, por lo menos tendencialmente (aquí me huele que la crítica de Heidegger ha sido clara). Pero las acciones (acontecimientos) no son objetos. En este punto es donde a mi juicio entra en escena Spinoza. El criterio óntico del conatus podría ayudarnos a plantear lo intensivo en términos de diferencia de potencial (yo lo llamo “principio de exhuberancia”, porque así me entiendo mejor). Todo pasa por tratar a las singularidades en sí mismas y no en tanto que relativas a otros criterios. Sólo la acción puede ser genuínamente singular. Pero bueno, esta última apreciación se ramifica demasiado. Hay duende cuando se toca un límite, un máximo de potencia. Cuando hay un incremento (de sentido, de potencialidades, de combinatoria) que excede la previsión. Acción comunicativa (¡aquí la Oñate!), actualización del bien modal a través de una síntesis disyuntiva cuyo criterio de unidad no es el individuo particular o el concepto general. Son muchos conceptos y no es el lugar apropiado, pero vamos, por ahí habría que hacer camino.

Roberto: Me gusta lo que dices acho. Me pierdo en muchas cosas, pero creo q he cogido la idea. Yo esta cuestion del duende la pondria en relacion a la del tiempo. ¿Qué tiempo acaece y como lo hace cuando acaece el duende? Porque que se de el duende, que lo haya, significa que acaece y no otra cosa. Y acaecer es lo propio del tiempo, pero de qué tiempo? Lo he pillado?

Alba: Yo soy muy partidaria de quitarnos los apellidos. Aunque sobre la relación entre cualidad e intensión no puedo cambiar del todo la casaca. Dicho sencillamente: la intensión es sólo atribuible como cualidad. Significa, creo, precisamente, que no se trata de una propiedad homogénea compuesta partes extra partes sino de un contenido <<cualitativo>> o diferencial susceptible de gradación infinita y por ende continua y captable <<de una vez>>. Respecto de su aplicación a la acción me parece muy interesante. Otra consecuencia de la sustitución del ¿qué es? por el ¿qué sucede? Quizá tendría más rendimiento pensado en relación con casos concretos como la valoración de un trabajo. Y creo que también aquí se dan por cierto casos de sorites. Pienso por ejemplo en un determinado afecto que en principio puede cifrarse fácilmente en términos de más o de menos. Su propia repetición, como en el caso de una función de rendimientos decrecientes, puede disminuir su valor y, esta es la cosa, modificar la propia cualidad de la sensación. Me parece tan curioso como complejo aplicar la cuestión a la acción y no al objeto o a la acción como objeto. Dame un ejemplo y pensamos a partir de ahí. Necesitaría aclaración sobre <<potencia>> y sobre <<tratar a las singularidades en sí mismas>>. Lo del principio de exhuberancia me parece genial.

Vicente: En ningún caso niego el vínculo intensión-cualidad. Lo que propongo es que puede pensarse lo intensivo sin cualidad (sin la cualidad propia del juicio), precisamente a través de la acción. Reduzcamos por un momento la acción a lo expresado por un verbo. ¿Podemos entender que hay un vínculo entre grados de intesidad y acción? ¿Tiene sentido decir que una acción está calificada? En tal caso, yo diría que una cualidad siempre va después de la acción; primero el cantar, después el cante; primero el rojear, después el rojo. Cuando hablo de exhuberancia no me refiero a máximos y mínimos de una cualidad, sino a la respuesta a la pregunta: ¿Qué se hace cuando se hace algo? La propuesta sería: lo singular se dice de la acción; es el modo de la cantidad (unidad-multiplicidad) y de la cualidad (identidad-diferencia) propio de la acción. Sigo contestando a la pregunta: las acciones no van solas, siempre hay una combinatoria, una distribución. Lo que se hace cuando se hace algo es una multiplicidad no totalizada, es decir, no subsumida en una unidad-identidad sintética “superior” (por semejanza, por oposición, por analogía). De ahí lo de síntesis disyuntiva (aquí Deleuze) que no se opone a la conjunción del “y”, que se dice disyunta porque lo reunido se mantiene diferenciado “en sí”. Éste “en sí” no responde a la inherencia propia del modelo del individuo, sino a la de la singularidad (¡hay que volver a pensar radicalmente las categorías de relación!… desde el punto de vista de la singularidad, fuera del juicio, las categorías se desbocan). Cuando hablo de “exhuberancia” no me refiero a los grados de una recta-cualidad, sino a la combinatoria (aquí es útil pensar en los términos leibnizianos y heideggerianos la noción de “mundo”). No me refiero a una gradación de una sola acción, pensada ya desde el modelo de la cualidad. Como ejemplo, cualquier verbo. Además, para pensarlo más radicalmente conviene, aunque sólo sea por propedéutica, pensar en un verbo en infinitivo. ¿Qué se hace cuando/donde se canta? Mejor: ¿qué se hace al cantar? (Casi que desarrollo aquí El Programa al completo, bendito Facebook…). Teníamos la cuestión del duende como excusa. Lo del duende me sirve como paradigma para la consecución o satisfacción ejemplar del principio de exhuberancia. Hay duende no sólo porque se cante al máximo, no sólo porque se rebase un cierto límite -de lo que “era capaz” la Niña de los Peines al cantar. Se trata de la creación de algo, de lo que produce una acción (¡”lo que se hace al hacer algo”!). Digo exhuberancia y no “productividad” o “creatividad” porque estas dos últimas expresiones están sobrecodificadas en nuestra tradición. Pero el sentido es anexo. Hay que aprender todavía mucho del cruce entre Spinoza (afección), Deleuze-Heidegger (acontecimiento), etc. etc. (¡En toda filosofía se insinúan acción y singularidad!). Sin embargo, también creo que nos vemos en la urgencia de preguntar directamente, actualizando por cierto el principio de exhuberancia de la hermenéutica (¿cuánto nuevo nos pude decir la tradición sobre esto?). Sobre todo porque parece razonable pensar que la ontología de la singularidad aún no ha sido suficientemente formulada.

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