Sobre lentejas, calcetines y otras cosas de interés. (A propósito de un poema de Pablo Jauralde Pou)

Ya nunca faltarán los calcetines,
me he comprado en H&M veinte pares
aprovechando las rebajas, claro;
casi todos son grises y sencillos,
pero se adornan de un final gracioso:
una corona de color travieso
que diferencia cada par un poco
y permite jugar con los colores
de la camisa y los zapatos, tonos
muy suaves, fáciles de combinar,
sin estridencias para que no miren
como asustados los vicerrectores.
Son veinte pares, de colores, grises.
Nunca me faltarán los calcetines.

Pablo Jauralde Pou

Me encontré estos calcetines en un blog de título realista: Han ganado los malos, al cuidado del poeta Pablo Jauralde. Quisiera proponer una asociación precipitada y espero que no por ello imprecisa.

Se habla aquí de las lentejas; en otro lugar de Jean Seberg; más arriba de H&M, de una serie, de una tanda concreta de calcetines. A mi me gustan especialmente estas entradas, porque hablan de cosas muy a mano que no se dejan registrar y con las que resulta complicado, la mayor parte de las veces, pararse un rato a entablar conversación.

Si no eres muy grosero, ante Seberg te ruborizas; si no eres pejiguero, te comes las lentejas; si las glándulas funcionan, lava alguna vez los calcetines. Distinto es hablar sobre estas cosas que tratar de conversar. En el segundo de los casos esperas siempre que repliquen. Los críticos de cine hablan sobre Jean Seberg; los libros de cocina sobre las lentejas (¡también los nutricionistas!); las etiquetas, los albaranes y los dependientes sobre los calcetines. Poco o nada se conversa con la ayuda de estos géneros. Pero hay que hacer notar que la culpa no es del medio, sino de quien lo emplea y se lo apropia. Así como los críticos de cine quieren hacer creer que no hay conversación que valga, que Jean Seberg nada tiene que decir que no puedan decir ellos con más notas al pie y más columnas en Cahiers du Cinéma… Así como los críticos suelen comportarse de este modo, Simone Ortega y sus secuaces sientan cátedra en la clase de lentejas y los señores de H&M ponen el punto y final, en forma de código de barras y tallaje de etiqueta, haciendo callar de una vez y para siempre a todo calcetín entrado en envase y colgado de estante.

El lenguaje vencerá sobre nosotros. Porque le pertenece ser anterior y hacer con nosotros lo que quiera, lo que sea menester. “Porque lo lleva dentro”, como dicen mi abuela y los antiguos. Llegará el día, no está lejos, en el que contraten a poetas para redactar etiquetas y facturas, se prohíba por Decreto el snobismo bajo riesgo de perder lustroso ISSN y los filósofos se dignen, por fin, a dejar hablar a las lentejas.

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