Universalidad de las singularidades a propósito de las metáforas-metonimias sin analogía

Hay cuatro versos anónimos recogidos por Correa (Arte, p. 453) que condensan multitud de imágenes : A coger amapolas,/ madre me perdí;/ ¡caras amapolas,/ fueron para mi!

Quizás mañana, cuando vuelva a leerlos, me resulten más bien insignificantes. No obstante, al pasar sobre ellos en esta ocasión se ha disparado una reconfortante producción de sentido. He visto que podían “ser aplicados” a multitud de situaciones, escenarios y personajes. Más que metáfora o metonia, polisemia. Más que aplicación, potencia expresiva.

Sin embargo, relatan una historia bien acotada por sí misma. El giro parabólico, la enseñanza sentimental y moral a la que apunta está específicamente ligada al hecho mismo: fui a por amapolas y me perdí. Cuando se ejerce la polisemia, cosa que parece del todo contingente –pero sólo parece, porque ¿podría leerse de modo literal? ¿Hay alguna lectura de los versos que se quede en las amapolas y su precio?–, cuando se ejerce la polisemia, los versos parecen referir a la multitud de posibilidades que condensan. Hay por ejemplo un cómputo. Salir a por amapolas parece ser algo positivo, pero perderse es negativo, de ahí el giro final. Ésta posible lectura emparentaría los versos al “lo barato sale caro”, aunque dicho refrán introduce ya una determinación de la positividad bajo una condición de precio, cosa que no hacen los versos originales. Otra posible lectura implicaría una peligrosidad inherente al hecho de salir a por amapolas, aunque tuviera potenciales consecuencias beneficiosas. Hay también otras lecturas en las que no se trata de un cómputo y que estarían ligados más bien al hecho neutral de “salir a por amapolas”, al que se introduce la condena del destino. Algo aparente inofensivo desata el dolo. Los sentidos se siguen multiplicando oportunamente. Los versos son apropiados para infinitas situaciones.

En definitiva, no se trata de una relación de semejanza o analogía. O al menos, no se trata de una estructura estable de este tipo de relaciones. Se trata más bien de una individuación o condensación parcial de los versos originales por la vía de una sobrecarga de sentido. Es decir, siempre hay un añadido. Tal añadido no es casual ni arbitario. Está implicado en las palabras dadas y se da como disponible para la lectura. Cada lectura posible es distinta. Por lo tanto, tenemos que:

1. Los versos no relatan una generalidad, sino una situación y un hecho singular, situado.

2. Toda posible analogía (como base metafórico-metonímica) es circustancial y única, esto es, singular.

3. Toda posible analogía entraña una sobrecarga de sentido, un añadido, un suplemento.

Preguntas:

1. ¿La cantidad del jucio, su generaildad o particularidad, resulta determinante para lo dicho hasta ahora? En principio no.

2. ¿Hay analogía si no hay repetición indiferenciada (en una relación > 2 miembros) de una estructura de semejanza? En principio no.

3. ¿Toda lectura-interpretación entraña analogía y por tanto sobrecarga de sentido? (Para la discusión de la hermenéutica analógica). En principio sí, aunque quizás no merezca la pena llamarla “analogía”.

4. En relación a este caso, ¿Qué añade la tesis de la “implicación recíproca” entre expresado y expresión?

MÁS: A la villa voy, de la villa vengo, si no son amores, no sé que tengo// Yendo y viniendo, voyme enamorando, una vez riendo, otra vez llorando// ¿Con qué ojos me miraste, que tan bien te parecí? ¿Quién te dijo mal de mi, que tan pronto me olvidaste?// Vine de lejos, niña, por verte, hallóte casada, quiero volverme.

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